El culo de Rinki en acción: anal salvaje con su marido
Te voy a contar cómo mi culo apretado terminó siendo la perdición de este joven cuando ya no aguantamos más las miraditas y los toques casuales que llevábamos días intercambiando. Cada vez que me agachaba frente a él, sus ojos se clavaban en mi tanga blanco ajustado, y yo movía las caderas un poco más de lo necesario, solo para verlo tragar saliva. Un día, cuando su polla ya estaba tan dura que podía notar el bulto bajo su pantalón, le susurré al oído mientras le frotaba el paquete: '¿Quieres probar qué tan bien me llena un culo como el mío?' y ahí perdió el control. Me arrodillé de inmediato, chupando esa verga gruesa hasta que estuvo brillante, antes de volverme y ofrecerle mi culo redondo, palmeándolo para que no dudara. La primera estocada me hizo gemir fuerte, sintiendo cómo su polla me abría entera de golpe, llenando cada centímetro hasta que sus huevos chocaron contra mi piel. Él no se contuvo, agarrándome de las caderas mientras me empotraba sin parar, y yo me retorcía gritando, sintiendo ese calor en mi ano cada vez que me clavaba hasta las pelotas. Con cada embestida, sus dedos se hundían en mis caderas, marcándome, y mi coño, aunque no lo tocaba, estaba tan mojado que resbalaba bajo mí. Cuando ya no aguantó más, me llena hasta rebosar, dejando su leche pegajosa corriendo por mis muslos. Lo único que quedó después fue el tanga destrozado en el piso, recordando lo bien que lo rompimos.