Lexi provocaba con sus tetas falsas hasta que exploté
La agarras del pelo mientras ella se arquea, gimiendo con esa boquita que antes solo usaba para hacerte sufrir. Recordás cómo caminaba frente a ti en tanga, rozando su culo redondo contra tu polla, mandándote fotos de sus tetas falsas rebotando, sabiendo perfectamente que no podrías aguantar. Pero hoy no hay más juegos: la tirás sobre la cama, sintiendo cómo su piel suave se moja contra la tuya, y le abrís las piernas de una vez, clavándole la lengua en el coño hasta que se retuerce. Ella jadea, pero ya no es el mismo gemido burlón de antes, ahora es puro deseo, y cuando la volteás para empotrársela por atrás, sus tetas gigantes chocan contra el colchón con cada embestida. La cogés de las caderas, sintiendo cómo esa polla entra hasta que sus gemidos se vuelven más agudos, más urgentes, mientras el culo se le pone rojo de lo duro que la estás follando. Te la sacás de golpe, la hacés arrodillarse y le metés toda la verga en la garganta, sintiendo cómo se ahoga un poco al tragársela hasta el fondo, los ojos llenos de lágrimas mirándote con esa mezcla de sumisión y provocación. Cuando ya no aguanta más, te corrés encima de sus tetas, viendo cómo la leche blanca se mezcla con su maquillaje corrido. Ella sigue temblando, pensando que por fin le diste lo que tanto quería: que la trataras como la puta caliente que siempre fingía no ser.