Belinha Projeto se deja llenar de leche en el carro del comedor
El sol me quemaba la piel mientras me ajustaba el tanga de encaje, sintiendo cómo el algodón de mi vestido se pegaba a los muslos por la humedad de mi coño. Sabía que él me miraba desde la ventana de la cocina, y eso me encendía más. Me acerqué al carro con paso lento, balanceando las caderas para que la tela se me pegara al culo, y al abrir la puerta, el aire caliente me golpeó la cara. Él ya estaba duro, la polla palpitando entre sus piernas, y cuando me agaché para chupársela, sentí sus manos enredadas en mi pelo, empujándome hacia abajo hasta que mi garganta se llenó de su sabor salado. Lo hice gemir como un animal, mordiéndome los labios mientras me empotraba contra el asiento, sintiendo cómo su verga entraba y salía de mi coño mojado. Cada embestida me hacía chocar contra la puerta, el metal resonando con el sonido de mi carne golpeando la suya. Cuando me corrió dentro, el líquido caliente me llenó hasta rebosar, y al levantarme, vi cómo goteaba entre mis piernas. Él sonrió con esa mirada de satisfacción, y antes de que pudiera limpiarme, me dijo: 'Ahora sí estás bien llena, puta', mientras su leche seguía escurriéndose por mis muslos.