Zorra jadeante se corre sin parar en la ducha
El agua caliente resbalaba por su espalda mientras ella se masajeaba los pechos con las manos llenas de espuma, sus pezones duros como piedras bajo el chorro. Los gemidos ahogados se mezclaban con el ruido del agua al caer cuando él le agarró el culo con fuerza y la pegó contra los azulejos fríos. La polla gruesa se deslizó entre sus nalgas resbaladizas sin avisar, dejando un rastro de semen viscoso en el muslo de ella mientras la penetraba sin piedad. Sus uñas se clavaron en los hombros masculinos al sentir cómo la empotraba contra la pared, cada embestida haciendo que el coño empapado chorreara más por el vapor que inundaba el baño. Él le mordisqueó el cuello mientras le susurraba obscenidades al oído, ordenándole que se corriera sobre su verga sin importar nada más. Las piernas le temblaban cuando él la levantó en peso, apoyando su espalda contra el cristal empañado mientras le abría más las piernas para hundirse hasta las bolas en su interior. Los gritos se volvieron incontrolables cuando el orgasmo la sacudió de pies a cabeza, el coño apretando la polla como un tornillo mientras él le llenaba el útero con chorros blancos y espesos. El semen se escurría por su muslo al terminar, mezclándose con el agua que seguía cayendo, y ella jadeó exhausta, con la respiración entrecortada mientras él le limpiaba los restos con los dedos antes de volver a enterrarse en ella. El sonido de cuerpos chocando y piel mojada llenaba el pequeño espacio, y aunque ya no había jabón ni espuma, el coño seguía goteando cada vez que él se movía. No importaba cuántas veces se corrieran: siempre querían más, como si el agua caliente del grifo no pudiera apagar el fuego que ardía entre sus piernas.