Aline se empala con dos pollas en el motel
Aline llegó al motel con la tanga ya empapada de tanto imaginarse esta escena, la blusa pegada a sus tetas sudorosas mientras sus pezones se endurecían al ritmo de sus jadeos. El primer tipo, con la verga gruesa y venosa, le agarró el culo con ambas manos y la levantó como si no pesara nada, hundiendo su miembro hasta el fondo de su coño chorreante sin piedad. El segundo, más alto y con un piercing en la polla, no perdió tiempo y le metió la punta en la boca abierta, obligándola a chupar fuerte mientras gemía con la garganta llena. Ella, con los ojos llorosos y los labios brillantes de saliva, no pudo evitar arquear la espalda al sentir cómo la llenaban por ambos agujeros, sintiendo cada vena palpitando dentro de su carne caliente. El motel olía a sexo barato y a sudor, pero a ella le importaba una mierda, solo quería sentir cómo la partían en dos mientras gritaba más fuerte que el ruido de las camas golpeando contra la pared. La polla primero le llenaba el coño hasta hacerla temblar, luego el otro le embestía el culo con movimientos lentos pero brutales que le arrancaban gemidos ahogados entre los labios del primero. Cada vez que se corría, sus fluidos resbalaban por sus muslos, dejando marcas pegajosas en el colchón barato mientras el sonido húmedo de sus cuerpos chocando llenaba el cuarto. Aline, con las piernas temblorosas y el aliento entrecortado, no pudo aguantar más y se dejó llevar por el placer, sintiendo cómo los dos machos se corrían dentro de ella al mismo tiempo, llenándola de leche caliente que le resbalaba por las piernas. Cuando por fin se derrumbó sobre la cama, exhausta y con el cuerpo marcado por sus huellas, supo que este sería el mejor recuerdo de su vida.