Jefa mandona me obliga a follármela fuerte
La muy zorra de mi jefa ni siquiera dejó que me sentara cuando entré a su oficina con la polla ya dura como un hierro. Me lanzó una mirada de esas que queman mientras se bajaba la falda ajustada sin apartar los ojos de mi entrepierna, mostrando unas medias negras que le marcaban el culo prieto. 'Hoy vas a hacer lo que yo diga, puto', me susurró al oído mientras me agarraba la nuca con sus uñas pintadas de rojo sangre y me empujaba contra la puerta acristalada de su despacho. La primera embestida fue brutal: la tenía tan empapada que el sonido de su coño chorreante al recibir mi verga resonó en toda la sala, mezclado con los gemidos ahogados que escapaban de su boca cuando la llené hasta el fondo sin piedad. Sus tetas, apretadas contra el cristal, se movían al ritmo de mis envites mientras yo le mordisqueaba el cuello como un animal en celo, sintiendo cómo su piel se erizaba bajo mis labios. 'Más duro, cabrón, que me vas a romper', jadeó arqueando la espalda, y entonces supe que no aguantaría ni un minuto más así. La giré como un trapo, le subí el vestido hasta la cintura y le arranqué el tanga de encaje negro antes de clavarle la polla hasta la garganta, sintiendo cómo su culo vibraba con cada embestida profunda que le daba sin compasión. El escritorio tembló cuando la empalé contra él, sus piernas temblorosas abrazando mis caderas mientras el lubricante natural de su coño resbalaba por mis pelotas, haciendo un ruido obsceno con cada movimiento. 'Correte en mí, perra, que quiero sentir cómo te corres', le gruñí al oído mientras mis dedos le apretaban los pezones duros como piedras, y entonces explotó: un chorro caliente le recorrió el muslo mientras su cuerpo se sacudía en espasmos, arrastrándome a mí también hacia el abismo del orgasmo más intenso que he sentido en años. Cuando acabamos, ella se quedó tirada sobre el escritorio con las piernas abiertas, jadeando como una perra en celo, mientras yo me limpiaba el sudor de la frente con el dorso de la mano y me reía al ver cómo su maquillaje estaba completamente corrido por los besos brutales que le había dado en la boca.