La vecina experta se deja follar con ruso sucio en la cocina
La señora de al lado llegó temblando a la puerta con su blusa blanca mojada pegada a esos pechos que tanto le gustan a mi amigo, y no pudo aguantar ni un segundo más antes de soltarle a él un 'vamos a follar fuerte' con esa voz ronca que le pone a cualquiera. Él, que ya estaba duro imaginando su coño empapado, la agarró de la cintura y la empujó contra la encimera de la cocina, donde los platos temblaban con cada embestida que le metía sin piedad. Ella gemía como una puta en celo mientras le suplicaba en un español roto mezclado con palabras rusas que le diera más, que le llenara el culo de leche caliente y que no parara hasta dejarla bien usada. Mi amigo no necesitó más invitación: le arrancó el tanga de un tirón y le metió dos dedos en el coño chorreante mientras le gruñía al oído 'ya te voy a dar, zorra, te voy a dejar sin aliento'. La vecina, con los muslos temblorosos y el culo bien abierto, se dejó empalar contra la mesa mientras él le hablaba sucio, le mordisqueaba los pezones y le metía la polla hasta el fondo una y otra vez, haciendo que sus jugos resbalaran por sus muslos y mancharan el suelo de la cocina. Entre gemidos y maldiciones en dos idiomas, ella se corrió tan fuerte que sus piernas se doblaron, pero él la sujetó por las caderas y siguió dándole hasta que eyaculó dentro de ella con un gruñido animal, llenándole el útero de semen caliente mientras le susurraba al oído lo puta que era y lo bien que lo había hecho. Cuando por fin se separaron, ella quedó tirada sobre la mesa con las piernas abiertas, el coño aún palpitante y la cara roja de tanto gritar, mientras él se limpiaba la polla en su pelo y le decía que la próxima vez le iba a comer el culo hasta dejarla sin voz.