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Buenas noches follando hasta el amanecer

14:04 1080P 6 Variados
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Ella llegó a su casa tarde, con el vestido pegado al cuerpo por el sudor de otro, pero él no le dio tiempo a cambiarse: la agarró por la cintura y le clavó los dedos en la carne mientras le susurraba al oído que esa noche no la dejaría dormir. La polla le palpitaba contra el muslo cuando le arrancó las bragas de un tirón y el coño se le abrió como un botón de rosa mojada, con los labios brillantes y el clítoris hinchado de necesidad. Él se la empotró contra la pared del pasillo sin preliminares, sintiendo cómo el culo le temblaba cada vez que sus caderas chocaban contra ella, y los gemidos le salían entrecortados mientras la embestía con furia, sin piedad. Las tetas le botaban al ritmo de cada golpe, los pezones duros como piedras y rozando la superficie fría del espejo del recibidor, que se empañaba con el vaho de su respiración agitada. Ella le arañó la espalda con las uñas, dejando marcas rojas que ardían como brasas, mientras él le mordisqueaba el cuello y le susurraba guarradas al oído, prometiéndole que esa noche la iba a dejar llena hasta que le doliera. Los dos resbalaban en un charco de sudor y jugos que se escurrían por el muslo de él, mezclado con el aroma a sexo viejo y a perfume barato que aún le quedaba en el pelo. Él la volteó de golpe, la dobló sobre el sofá y le abrió las nalgas con las dos manos para ver cómo el coño se le abría como una herida, húmedo y palpitante, listo para que le metiera la polla hasta el fondo sin piedad. Las embestidas eran tan brutales que la mesa de centro temblaba con cada impacto, y los muebles crujían bajo su peso mientras él le gritaba que se corriera ya, que no aguantaba más sin sentirla apretarlo como una tenaza. Ella se dejó caer hacia adelante, con la cara enterrada en los cojines, y se corrió con un espasmo que le sacudió todo el cuerpo, gritando como una loca mientras los jugos le resbalaban por las piernas y le mojaban los muslos. Él no esperó ni un segundo después de que ella terminara: la agarró por las caderas y la empaló de nuevo, esta vez con más fuerza, sintiendo cómo su verga se hinchaba dentro de ese coño que lo tragaba sin remedio, y se corrió con un gruñido animal, llenándola hasta el fondo mientras ella jadeaba su nombre entrecortado, con las piernas temblorosas y el cuerpo temblando de placer.

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