Karol la latina putita se corre gritando fuerte
Karol llevaba ese vestido ajustado que le marcaba cada curva del culo prieto y se le caía el escote hasta casi enseñar los pezones duros por el calor de la noche. Desde que la vio bajarse del taxi con las piernas largas y ese aire de puta caliente que no disimulaba, él no pudo sacársela de la cabeza. Cuando le guiñó un ojo desde el otro lado de la barra del bar, Karol no dudó ni un segundo: se acercó con ese contoneo de cadera que hacía babear a cualquiera, le agarró la polla dura como una piedra por encima del pantalón y se la metió en la boca sin avisar. Él gruñó de placer mientras ella le chupaba la verga con ganas, con esos labios carnosos envolviendo el glande y sacudiendo la cabeza como si no hubiera mañana. No aguantó ni dos minutos antes de correrse en su garganta, pero Karol no se detuvo ahí: lo empujó contra la pared del pasillo oscuro del edificio, se quitó el tanga negro de un tirón y se empaló en su polla con un gemido largo que resonó en todo el edificio. Él la agarró por las caderas y empezó a embestirla como un salvaje, sintiendo cómo su coño empapado de jugos le apretaba la verga con cada golpe profundo. Ella gritaba cada vez que la polla le llegaba hasta el fondo, con los pechos rebotando sin control y el culo enrojecido de tanto azote. Él le tiró del pelo para que levantara la cabeza y le metió la lengua en la boca mientras seguía dándole duro, sintiendo cómo los músculos de su coño se contraían cada vez que se acercaba al orgasmo. Cuando por fin Karol se corrió, fue con un alarido que le hizo temblar las paredes, escupiendo leche caliente por todos lados mientras él le llenaba el útero de leche espesa sin piedad. Después, ella se quedó tirada en el suelo, con las piernas abiertas y el coño goteando, pidiendo más mientras se limpiaba los restos de corrida de los muslos con los dedos.