La reina bárbara se empala con furia en el juego hentai
Kaira Stormbriar llevaba días mordiéndose el labio cada vez que su gremio se reunía en la taberna, imaginando cómo sería sentir esa armadura pesada sobre su cuerpo desnudo mientras sus grandes tetas rebotaban sin control. El primer contacto fue puro fuego: sus dedos se enredaron en la correa de la espada mientras él, con la polla bien dura bajo el taparrabos de cuero, la arrinconó contra la pared del calabozo, gruñendo que ya no aguantaba más sin enterrarse dentro de ese coño tembloroso que goteaba sin parar. Kaira no pudo resistirse, soltó un gemido ronco y se dejó caer sobre su verga gruesa, empalándose hasta la empuñadura sin importarle que sus nalgas quedaran marcadas por los surcos de la armadura. Él la levantó en vilo con un brazo en la cintura y la lanzó sobre la mesa de madera, donde sus enormes pechos se aplastaron contra la superficie sin piedad mientras él le arrancaba el cinturón de castidad de un tirón, dejando al descubierto ese coño rosado y chorreante que pedía a gritos ser follado sin piedad. Las embestidas comenzaron lentas pero brutales, cada golpe de cadera haciendo que sus tetas botaran como si fueran dos sandías sueltas, mientras sus jadeos llenaban la habitación mezclados con los crujidos de la madera bajo sus cuerpos sudorosos. Kaira arañó la mesa con las uñas, suplicando que no parara, que la llenara de leche caliente hasta que no quedara ni una gota dentro de su útero hambriento, mientras su culo se movía al ritmo de cada embestida, buscando más profundidad. Él le agarró el pelo con fuerza y le escupió en la boca antes de hundirse hasta el fondo, haciendo que sus piernas temblaran y un chorro de babas resbalara por su barbilla mientras gritaba como una puta en celo. El clímax llegó sin aviso: Kaira se corrió con un espasmo que le hizo arquear la espalda como un arco, apretando su coño alrededor de la polla mientras él se descargaba dentro con un rugido gutural, llenándole las entrañas de semen espeso que se desbordó por los muslos cuando él la soltó de golpe, dejándola tirada sobre la mesa con las piernas abiertas y el coño lleno de leche espumosa.