Mi novia bi busca amigas para follar salvaje
Desde que descubrió que le excitaba ver cómo su polla gruesa cabalgaba entre dos conejos bien mojados, mi novia no para de organizar fiestas donde el sexo se vuelve caótico. Esa noche todo empezó con un par de amigas lesbiana que llegaron sin planear nada, pero terminaron desnudas en el sofá con las piernas abiertas mostrando sus coños brillantes. Una le chupaba el clítoris mientras la otra le metía dos dedos en la boca, y yo solo podía mirar cómo se retorcían de placer con los pechos rebotando al ritmo de los gemidos. De pronto, una se acercó a mí y me agarró la verga palpitante sin aviso, guiándola hacia su boca caliente donde la lengua jugaba con el glande hinchado antes de tragársela entera. La otra no se quedó atrás y se sentó encima de mi novia, frotando su muslo contra ese coño que ya goteaba sin control, mientras le mordisqueaba los pezones duros como piedras. Entre gemidos y saliva, todas terminamos rodando por el suelo, cada una tomando lo que quería: una boca devorando mi polla sin piedad, otra empalándose en la verga de su amiga mientras le clavaba las uñas en la espalda, y la tercera lamiendo los jugos que resbalaban entre los muslos enrojecidos. Los cuerpos sudados se enredaban como serpientes, el aire olía a sexo barato y a sudor, y los gritos ahogados en almohadas no dejaban duda de que esa noche iba a acabar con tres corridas bien tiradas. Cuando la morena se corrió montada en mi novia, su coño apretó la verga como un puño hasta que solté todo dentro con un gruñido animal, mientras la rubia se limpiaba los restos del orgasmo de los labios con un dedo antes de volver a exigir más. Al final, las tres quedaron tiradas sobre el colchón, jadeantes y pegajosas, con las piernas temblorosas y los coños empapados, pero aún con ganas de más porque el hambre de follar no se sacia con una sola ronda.