Vicky Redwine se entrega al marido de su amiga como una puta obediente
En la sala de su casa, con las luces bajas y el cuerpo temblando de excitación, yo sabía que iba a ser su juguete por esa noche. Mi coño ya estaba moanado antes de que él ordenara quitarme el sostén, dejando mis tetas duras al aire mientras Fer Hedge me miraba con esos ojos que exigían sumisión. Follamos en más de 10 minutos, con él agarrándome del culo para hundir su polla hasta que mis gemidos se volvían incontrolables. En cuatro patas, con el jugo chorreando por mis piernas, me mandó chupar su verga hasta dejarla brillante antes de empotrarme contra el sofá. Sus manos en mi cintura marcaban el ritmo, fuerte y profundo, mientras yo solo podía rogar entre dientes: 'Dame más duro, cariño, hazme tu perra'. Cuando finalmente se corrió, su voz resonó como un castigo: 'La próxima vez, no te voy a dejar correrte así de fácil'