Una latina tetona con un culo para perderse
La tarde estaba pesada, el sol caía a plomo sobre la ciudad, pero yo solo podía pensar en esa verga dura que me esperaba. Entré al cuarto y lo vi, enorme, grueso, ya listo para partirme en dos. Te juro que cuando la sentí empujando mi culo, creí que me iba a reventar de un solo golpe. Pero no, fui una mala, una desesperada, y me la tragué entera, hasta que los dedos de mis pies se encogieron. ¿Te gustaría estar en su lugar, sintiendo cómo mi culo se aprieta alrededor de esa polla como si no quisiera soltarlo? Porque yo no lo pensaba hacer, no después de descubrir que podía tomarla tan honda, que me dolía de lo bien que me llenaba. Cada gemido que salía de mi boca era más fuerte, más sucio, hasta que no pude aguantar más y me corrí gritando, con su verga todavía enterrada hasta las pelotas. Pero él no paró, siguió embistiéndome como si supiera que mi culo podía más, que podía tomarlo todo, y cuando por fin se corrió, fue tan profundo que sentí cada chorro ardiéndome por dentro. No había nada más perfecto que ese momento, cuando entendí que mi cuerpo podía aguantar lo que él quisiera darme, sin importar lo bruto, lo salvaje, lo increíble.