Selena la casada se reta a su novio: ¿puede aguantar su calor?
Ella entró en la habitación con esa sonrisa de coña que solo ponen las mujeres cuando saben que van a romperte los huevos. Selena, la casada de Porto Alegre, se dejó caer sobre el sofá con la polla del novio ya dura como piedra en su mano. 'A ver si eres hombre para resistirme', susurra mientras frota sus tetas contra el torso de él, los pezones duros como guijarros. Él la agarra del culo, amasando esa carne prieta antes de hundir los dedos entre los pliegues mojados, sintiendo cómo el coño de ella chorreaba sin pudor. Selena se sienta a horcajadas, clavándose de una estocada hasta que las caderas chocan, y entonces empieza a botar, cada movimiento más violento, más rápido, gimiendo como una perra en celo. El novio la embiste desde abajo, las manos en sus hombros para marcar el ritmo, aunque ella no cede el control ni un segundo. 'No vas a poder', jadea ella, pero el sonido se corta cuando él la voltea y la penetra por detrás, metiendo la polla hasta el cuello del útero, haciéndole soltar un grito agudo. Los golpes secos de la carne chocando retumban en la habitación, el sudor mezclándose con el olor a sexo crudo. Selena se arquea, las uñas clavadas en la espalda de él, pero no dice nada, solo gime más fuerte, hasta que de pronto se corre con un espasmo violento, la leche brotando entre los labios hinchados. Él no para, sigue embistiéndola hasta que la polla se hincha y se vacía dentro, las caderas temblando. 'Lo sabía', murmura ella, limpiándose los fluidos de la boca con una sonrisa de puta satisfecha. '¿Y ahora qué?', responde él, ya listo para otra ronda.