SaitamaG me llenó entera y no pudo contenerse
El sonido de la puerta chirriando me hizo apretar las piernas, pero ya era tarde: la polla de SaitamaG estaba enterrada hasta las pelotas en mi coño mojado, y cada embestida me hacía morder la almohada para ahogar mis gemidos. Sabía que mi marido podía volver en cualquier momento, pero no podía parar, no cuando sus manos me apretaban las tetas y sus dedos me pellizcaban los pezones mientras me empotraba contra la pared. El sudor me corría por la espalda, mezclándose con el olor a sexo y a cuero de los zapatos que aún llevaba puestos. 'No te corras adentro', le susurré, pero él solo gruñó y me dio una nalgada que me hizo arquear la espalda. El miedo a que nos descubrieran me excitaba más, y cuando sentí que su verga se ponía más dura, supe que no iba a poder controlarse. '¡No, no aquí!', gemí, pero ya era tarde: un chorro caliente me llenó entera mientras él me apretaba contra su cuerpo. Cuando terminó, solo se quedó mirando la puerta, como si esperara que alguien entrara en cualquier momento.