La ruiva tatuada chupa y fode como una diosa
El olor a su perfume mezclado con el sudor me vuelve loco mientras Camila Gaucha se arrodilla frente a mi polla dura, sus labios carnosos brillando de saliva. La tensión de que alguien pueda entrar en cualquier momento — su marido, los vecinos — hace que cada gemido sea más intenso, más urgente. Le agarro el pelo mientras ella me chupa con fuerza, tragando hasta que mis huevos chocan contra su barbilla, sus ojos llorosos mirándome con esa mirada de puta sumisa que me enciende. El sonido de sus labios chupando mi verga me pone a mil, y cuando la levanto y la empotro contra la pared, sus tetas rebotando con cada embestida, sé que no aguantaré mucho. Sus uñas se clavan en mi espalda mientras la penetro sin piedad, sintiendo cómo su coño mojado aprieta mi polla como un guante. Sus gritos ahogados contra mi hombro me dicen que está cerca, pero no puedo parar, no hasta que la haga correrse con mi polla enterrada hasta las pelotas. El riesgo de que nos descubran solo aumenta el calor, y cuando siento que su cuerpo tiembla y su coño se contrae alrededor de mi verga, sé que es el momento de descargar toda mi leche dentro de ella, llenándola hasta que...