Esta morena de talla 10 se deja follar por su compañero de trabajo
"¿Acaso no te gusta cómo me veo hoy?" susurra Eliza Ibarra mientras se inclina para ajustar su blusa, dejando ver aquellos senos naturales que siempre vuelven locos a los hombres. Su compañero Lucas Frost, que apenas puede concentrarse en su café, traga saliva al ver cómo la tela se pega a esos pezones duros bajo la lencería negra. La oficina está vacía, pero las paredes son finas, y el riesgo de ser descubiertos solo los excita más. Él la empuja contra la mesa, sus manos ahuecando esos glúteos firmes antes de darle una nalgada seca que la hace gemir. "Me encanta cuando te pones así de perra", gruñe él mientras le baja los pantys con un tirón, dejando al descubierto ese coño ya mojado, brillante bajo la luz tenue. Ella se sube a la mesa, arqueando la espalda para ofrecerle mejor acceso, y cuando él empuja su polla gruesa hasta el fondo, ella grita, sus muslos temblando al sentir cómo la llena entera. "¡Sí, así, métemela hasta que me duela!" jadea, mientras él la agarra de las caderas y empieza a embestirla con fuerza, el sonido de la carne chocando contra carne resonando en la habitación. Eliza se muerde el labio cuando siente cómo cada estocada le roza el cuello del útero, sus jugos goteando por los muslos mientras él no se detiene. "Me voy a correr, putita", gruñe él, y antes de que ella pueda responder, un chorro espeso le llena el coño, haciéndola gritar de placer. Cuando por fin se separan, queda un charco viscoso en la mesa, mezclado con sus fluidos.