Me follé a la enteada y luego a su amiga en el baño
La enteada llevaba un short tan corto que se le veía hasta el nacimiento del culo cada vez que se agachaba, y esa noche su amiga vino a la casa con un vestido negro ajustado que dejaba poco a la imaginación. Él no pudo resistirse cuando la enteada le susurró al oído que su amiga estaba más cachonda que nunca, así que la empujó contra la pared del baño y le bajó el tanga de un tirón sin avisar. La polla ya le palpitaba dentro del pantalón al ver cómo el coño de la amiga brillaba empapado bajo la luz tenue del baño, así que sin perder tiempo le metió dos dedos bien hondo mientras le mordisqueaba el cuello, haciendo que ella soltara un gemido ahogado que terminó en un gritito cuando él le embistió la boca con la verga hasta tocarle la garganta. La enteada, que no se quedó atrás, se quitó el top y le empezó a chupar las tetas a su amiga mientras le metía los dedos en el coño, que ya goteaba sin control. Él, con la polla a punto de reventar, las empujó a las dos contra el lavabo y las empotró de a una, primero a la enteada por detrás mientras le agarraba las tetas y le clavaba las uñas en la espalda, y luego a la amiga en el suelo, con las piernas en alto para que le entrara hasta el fondo. Los sonidos de carne golpeando carne y los jadeos en coro llenaban el baño mientras el espejo se empañaba con el vapor de sus cuerpos sudorosos, y cuando por fin él se corrió a chorros dentro del coño apretado de la amiga, las dos se derrumbaron en el suelo, exhaustas pero con ganas de más. La enteada no tardó en lamerle la polla hasta dejarla limpia mientras la amiga le susurraba al oído que la próxima vez quería que le metiera algo más grueso, y él, con una sonrisa pícara, les prometió que en la próxima visita no se conformaría con el baño.