Campesina se deja empotrar entre los cultivos por su jefe Fabercito
Estoy arrodillada en el barro, con las manos en la tierra, cuando siento su polla dura presionando contra mi culo. Fabercito no aguanta más y me arranca los shorts de jean, dejando al aire mi coño ya mojado de anticipación. ¿Te gustaría estar en su lugar, viendo cómo me hace gemir como una perra en celo mientras me agarra de las caderas y me clava hasta las pelotas? Te voy a contar cómo pasó: llevaba días provocándolo, mandándole fotos con el vestido subido, rozándome contra él cuando pasaba. Hoy no pudo resistirse, y ahora me tiene doblada sobre un saco de fertilizante, metiéndome la verga como si fuera su propiedad. Cada embestida me hace chocar contra el saco, y mis tetas naturales rebotan con cada golpe. El sudor me cae por la espalda mientras él me agarra del pelo, obligándome a arquearme más. Siento cómo su verga me llena entera, rozándome justo donde más lo necesito. No me importa que alguien pueda vernos, al contrario, me excita la idea de que algún jornalero nos descubra. Fabercito gruñe como un animal, y sé que está a punto de correrse. '¿Te gusta cómo te follo, puta?' me susurra al oído, y yo solo puedo gemir en respuesta, lista para recibir su leche caliente dentro de mí.