Girgras chupa toda la leche de Saavedra como una experta
‘Lléname la boca, papi, quiero tragarme toda tu leche.’ Con esa voz rebelde y los ojos brillando de deseo, Girgras se arrodilla frente a Saavedra, quien no aguanta más después de semanas de miradas furtivas y roces ‘accidentales’ en la cocina. La tensión entre ellos ha sido insoportable, los susurros en el pasillo, los gemidos ahogados en la ducha, hasta que finalmente explotan. Ahora, con las manos de él enredadas en su pelo, ella se lo mete hasta las pelotas, chupando con fuerza mientras sus dedos aprietan sus muslos. Las caderas de Saavedra se sacuden, los músculos de la espalda se tensan, y cuando ella levanta la vista con los labios brillantes, él no puede resistir más. Con un gruñido, le agarra la cabeza y descarga todo en su garganta, pero ella no se detiene, tragando con avidez hasta la última gota. El semen espeso le gotea por la barbilla, y cuando se limpia con los dedos, los lame despacio, sabiendo que esta no será la última vez. La próxima vez, promete con una sonrisa traviesa, lo va a montar hasta que le duela el culo.