Mamá soltera recibe la polla dura para vivir mejor
La puerta ni bien se cerró cuando él le agarró el culo por encima del vestido barato que se le pegaba al cuerpo sudado. Ella soltó un gemido agudo al sentir esos dedos gruesos hundiéndose entre sus nalgas, mientras la sujetaba contra la pared de la cocina, donde minutos antes había estado pelando papas con las uñas pintadas de rojo descascarado. 'Apúrate, cariño, que mi hijo llega en media hora', jadeó ella con voz de puta necesitada, pero sin soltar su bolso de tela donde asomaba el billete de veinte que él le había dado antes para que le dejara hincarse entre sus piernas. La polla, ya dura como piedra, le rozó el coño empapado por encima de las bragas de algodón roto y ella no pudo evitar arquear la espalda, dejando caer el delantal sucio al suelo. Él le arrancó las bragas de un tirón y la levantó en volandas, sentándola sobre la mesa de madera rayada donde días atrás había almorzado su niño con las manos llenas de salsa. Con un empujón brutal, le abrió las piernas y le enterró la verga hasta el fondo, haciendo que sus tetas pequeñas rebotaran al ritmo de las embestidas brutales que le destrozaban el coño estrecho. Ella gritó como una puta en celo, mordiéndose el labio inferior hasta sacarle sangre, mientras él le agarraba los muslos con fuerza de hierro para no soltarla ni un segundo. La mesa crujía bajo el peso de sus cuerpos sudorosos, mezclado con el olor a comida quemada y sexo caliente, y cada vez que él le metía hasta las bolas, ella sentía cómo el clítoris le palpitaba como un martillo dentro de la carne palpitante. '¡Más duro, por favor, que me corro!' suplicó ella entre gemidos ahogados, sintiendo cómo la leche espesa le resbalaba por los muslos mientras él le llenaba el útero de semen caliente, dejando marcas blancas en su vientre tembloroso. Cuando por fin se dejó caer contra su pecho, él le susurró al oído que volvería al día siguiente con más billetes, mientras ella se limpiaba el coño chorreante con un trapo de cocina antes de que su hijo entrara por la puerta con la mochila llena de deberes sin hacer.