Compartir habitación con mi novia y su mejor amiga
El aire del cuarto se espesaba con el sudor de las tres mientras yo observaba cómo mi novia le pasaba la mano por el muslo a su amiga colombiana, mordiéndose el labio inferior sin poder disimular lo que le hervía por dentro. No pasó ni un minuto antes de que ambas se acercaran, una con los pechos apretados contra mi camisa y la otra rozándome la entrepierna con los dedos mientras me susurraban lo mismo: '¿Te gustaría jugar con nosotras?' La respuesta fue un gemido ahogado cuando mi polla se endureció al instante contra el pantalón, lista para lo que venía. La morena, con su culo prieto y su coño ya empapado, se arrodilló primero, chupándome con una avidez que me hizo arquear la espalda mientras mi novia le agarraba del pelo para guiarme más profundo. Sentí cómo su lengua recorría desde los huevos hasta la punta antes de que ambas se besaran con pasión salvaje, intercambiando saliva y gemidos mientras yo me desnudaba a toda prisa, dejando al descubierto mi verga palpitante que pedía acción. La colombiana se subió encima de mi regazo, empalándose sin piedad en mi polla bien dura mientras gritaba '¡Dios, qué grande estás!' y movía las caderas como una posesa, haciendo que su amiga le chupara los pezones duros mientras yo le azotaba el culo con cada embestida que le arrancaba chorros de sus jugos sobre mi muslo. Mi novia, sin poder resistirse, se colocó detrás de ella, lamiéndole el coño desde atrás mientras le metía los dedos en la boca para callar sus gritos cuando la penetré por detrás con fuerza, sintiendo cómo las paredes de su conejito se contraían alrededor de mi verga enloquecida. Las tres nos corrimos al mismo tiempo, un caos de gemidos, carne sudada y corridas calientes que se mezclaban entre piernas, sábanas y saliva, dejando el cuarto hecho un desastre de placer prohibido del que ninguna de las tres quería salir.