Necesitaba ayuda y ella me enseñó a comerle el culo
La primera vez que la vi, supe que tenía que probar ese culito pequeño pero perfecto. Ella era mi vecina, una joven latina de tetitas naturales y un culo que pedía a gritos que se lo devoraran. Un día, le pedí ayuda con algo trivial, pero en realidad solo quería ver si podía convencerla de enseñarme a comerle el culo. Al principio se hizo la tímida, pero cuando le metí la mano por debajo de la falda y sentí lo mojadita que estaba, supo que no podía negarse. La puse de rodillas en la cama, con el culo bien levantado, y empecé a lamerle desde los labios hasta el agujerito, sintiendo cómo gemía cada vez más fuerte. Sus manos agarraban las sábanas mientras yo le metía la lengua hasta el fondo, saboreando cada gotita de su excitación. Cuando ya no pudo aguantar más, se corrió en mi cara, gritando como una puta en celo. Después, me dijo que nadie lo había hecho tan bien, y yo solo sonreí, sabiendo que volvería a pedirle más lecciones.