Madrastra caliente se traga mi verga chiquita cuando papá se va
La mamacita no puede aguantar ni cinco minutos después de que la puerta del garaje se cierra y el coche de su marido ronronea calle abajo. Se quita el delantal de un tirón, dejando al descubierto esos pechos grandes que tanto le hacen babear a su hijastro, mientras se muerde el labio inferior con esos dientecitos blancos que le ponen más duro que una piedra. La polla le late en los pantalones al verla arrastrarse de rodillas sobre la alfombra del salón, con el culo en pompa y el coño ya empapado antes de que él siquiera la toque. Le baja la cremallera de un jalón, sacando esa verga pequeña pero bien dura que la mamacita adora sentir dentro, y no pierde tiempo: se la mete hasta la garganta sin aviso, tragando con movimientos bruscos que hacen vibrar sus tetas contra su barriga. Gime con la boca llena, el sonido ahogado pero intenso, mientras sus manos se clavan en los muslos del chico para que no se retire ni un milímetro. Él le agarra la coleta y le empotra la cara contra su vientre, sintiendo cómo la lengua de ella lame cada centímetro de su verga como si fuera un helado derretido, chupando con tanta fuerza que hasta le duele los huevos. La mamacita se levanta de golpe, se quita la falda y se inclina sobre el sofá con el culo en pompa, su coño chorreando por los labios hinchados y brillantes. Él no se hace rogar: le clava la verga hasta el fondo de una sola embestida, haciendo que ella lance un aullido que resuena en toda la casa, con los pezones duros como canicas y las uñas arañando el cuero del sofá. La empotra sin piedad, cada golpe seco de su cadera contra ese culo redondo que le hace vibrar las nalgas con cada movimiento, mientras ella grita que se corre, que no aguanta más, con la voz quebrada entre gemidos y maldiciones. Él siente cómo su verga se engrosa dentro de ella, cómo el coño le ordeña como una puta en celo, y no tarda en soltar su leche caliente bien hondo, llenándola hasta que el líquido resbala por sus muslos. La mamacita se queda tirada sobre el sofá, jadeando con la cara pegada al cojín, el coño palpitante y los labios vaginales pegajosos de esperma, mientras él se corre otra vez en su boca antes de que papá vuelva a casa.