Lola, la empleada que se deja follar en el servicio
Lola, la muchacha del servicio, siempre andaba con ese uniforme ajustado que le marcaba el culo redondo y las tetas firmes, pero nadie imaginaba lo puta que era hasta que él la pilló mirándole la polla mientras limpiaba el suelo. Un día, cuando se agachó para pasar la mopa, él no pudo resistirse y le metió la mano por debajo del delantal, apretándole las nalgas duras mientras ella gemía bajito. Lola se mordía los labios, mojada como una perra en celo, y cuando él le arrancó el tanga de un tirón, se puso de cuatro patas sobre la mesa de la cocina, ofreciéndole su coño chorreante. Él le clavó la polla hasta el fondo, embistiendo con fuerza mientras ella gritaba como una loca, el culo temblando con cada golpe. Las tetas le rebotaban, los pezones duros como piedras, y cuando él le agarró el pelo para follársela más duro, Lola se corrió en un chorro caliente, gritando que no parara. Él la llenó de leche hasta rebosar, el semen goteando por sus muslos mientras ella seguía gimiendo, pidiendo más. Al final, Lola se limpió la boca con el delantal, sonriendo con los labios hinchados y el coño aún palpitando, lista para repetir cuando él quisiera.