Rika la culona se deja empotrar bien fuerte
Rika es esa morena explosiva de curvas pronunciadas que no para de mover las caderas cuando camina por el barrio. Lleva un short tan ajustado que se le marca cada pliegue del culo prieto, y esa blusa sin mangas deja ver cómo sus tetas rebotan al ritmo de sus pasos. El primer día que la vio en el ascensor, él no pudo evitar clavarle la mirada en el escote sudado, mientras ella se mordía el labio inferior con esa sonrisa pícara que solo tiene una puta con ganas de que le metan la verga hasta el fondo. En menos de una semana ya estaban en su departamento, con la puerta cerrada y el aire acondicionado a todo volumen para que no se oyeran los gemidos ahogados que escapaban de su garganta cada vez que él le agarraba el pelo y le hundía la polla hasta las pelotas. Rika no se corta un pelo: se quita la tanga de un tirón y se pone a cuatro patas sobre la cama, mostrando ese coño bien mojado que brilla bajo la luz tenue mientras él le da palmadas en el culo para abrirle más los cachetes y dejarla lista para recibir cada embestida profunda que la deja sin aire. La primera corrida la tiene al borde del abismo cuando él le chupa los pezones duros y le sopla en el oído que quiere llenarle el coño hasta que rebalse, mientras ella aprieta los muslos y grita un '¡sí, métemela toda!' que le hacen temblar las piernas. Cuando por fin la penetra de lleno, Rika arquea la espalda como una gata en celo, con los pechos balanceándose y el sudor resbalando por su cuerpo mientras los sonidos húmedos de肉 y coño chocando llenan la habitación. Él no aguanta más y le clava los dedos en las caderas, empalándola contra el colchón con embestidas brutales que la dejan sin voz, hasta que siente cómo su polla se engrosa dentro de ella y la primera eyaculación caliente le inunda el útero, haciendo que Rika se corra gritando como una loca, con las uñas arañando las sábanas mientras los chorros le bañan las paredes del coño. El final es un desastre de cuerpos sudados, respiraciones jadeantes y un condón lleno hasta el borde, pero lo que más queda es la certeza de que esa morena culona no va a dejar de buscarlo nunca más.