Rosebrutal y su rival en un enfrentamiento de poder
No creíste que lo iba a aceptar, pero te reto a ver si aguantas todo lo que tengo guardado para ti, cabrón. Desde el primer segundo, te vas a dar cuenta de que esto no es otro juego: mis piernas se abren como tijeras que te atrapan, mi coño húmedo chupando cada centímetro de esa polla que crees tan dura, pero que voy a hacer temblar con mis muslos. Imagínate que te corro sobre la cara y luego exijo que me empotres contra la pared, pero no así no — con fuerza, con rabia, como si cada empujón fuera un castigo por haberme subestimado. Mis uñas se clavan en tu espalda mientras te susurro al oído que no vas a poder conmigo, que voy a ser yo quien te haga rogar por más. Te vas a poner durísimo cuando te obligue a chuparme los dedos después de correrme, saboreando mi esencia mientras me río de tu derrota. Cada gemido tuyo es un grito de rendición, cada latigazo de mi pelvis contra la tuya un recordatorio de que aquí mando yo. No vas a durar, pero qué bonito será ver cómo te rompes antes de que yo lo haga. Mientras te miro con los ojos entrecerrados, disfrutando del poder que tengo sobre ti, pienso en lo fácil que fue doblegarte — y en lo mucho que me gusta ganar.