Patrah le da lo que quiere a su casaña celosa
Patrah llevaba días ardiendo de rabia, imaginando a su marido con esa nueva vecina, y cuando llegó a casa esa tarde, no tuvo piedad. Se quitó las tangas de un tirón, dejó a la vista su coño jugoso y húmedo, y le ordenó que la empotrara contra la pared sin perder tiempo. Él obedeció al instante, metiéndole la polla dura de una estocada hasta que los muslos le temblaron. Patrah gritó, mordiéndose el labio mientras las embestidas le sacudían el cuerpo, pero no era de dolor, sino de placer puro. Le encantaba sentir cómo cada empujón le rozaba el clítoris, cómo la polla gruesa le abría las paredes del coño, cómo el sudor le resbalaba entre las tetas mientras él le agarraba las caderas con fuerza. En más de 10 minutos, la folló en todas las posiciones: de perrito, a cuatro patas, de pie contra el espejo, hasta que Patrah le clavo las uñas en la espalda y le susurró que se corriera dentro. El calor de la leche espesa la hizo gemir más fuerte, pero lo que más le gustó fue saber que ese placer era por venganza. Al terminar, mientras la polla aún palpitaba dentro, Patrah sonrió pensando que su marido nunca le daría lo que ella merecía.