Chino sumiso se arrodilla para servirme la polla
La habitación estaba oscura, con solo el resplandor de la pantalla iluminando su cara de pánico mientras se arrodillaba frente a mí. Yo ya tenía la polla dura, lista para enseñarle quién mandaba aquí. Le ordené que abriera la boca y, temblando, obedeció. Sentí su lengua caliente rozando mi glande, pero no le permití chupar aún. 'Pide permiso, puta', le dije, y él gimió suplicando. Cuando por fin le dejé meterse mi verga hasta la garganta, sus ojos se llenaron de lágrimas, pero no se atrevió a retroceder. Lo agarré del pelo y lo empotré contra mi cadera, sintiendo cómo su boca se ahogaba con cada embestida. 'Traga todo, cerdo', le gruñí, y él obedeció, tragando mi corrida hasta la última gota. Sus manos temblaban, pero no se movió hasta que le solté el pelo.