Gabriel Ortega le dio una paliza de verga al novio hasta el amanecer
—No aguanto más, necesito que me rompas el culo de una vez— le susurré al oído, mordiéndome el labio mientras él me apretaba las nalgas con esas manos grandes. Llevábamos días mirándonos en la ducha, en la cocina, en el sofá, con esa tensión que te quema por dentro. Cada vez que me rozaba sin querer, mi polla se ponía dura como piedra y él lo notaba, pero ninguno decía nada hasta que ya no pudimos aguantar más. En más de 10 minutos de escena, Gabriel Ortega me empotró contra la pared, metiendo su verga gruesa en mi culo apretado mientras yo gemía como un puto en celo. Sentía cada centímetro de su polla entrando y saliendo, golpeando justo donde más me gusta, hasta que no pude evitar correrme sobre su abdomen mientras él seguía embistiéndome sin piedad. Al final, Gabriel Ortega se sacó y me llenó el culo de leche caliente, dejando mi agujero bien abierto y temblando. Joseph Santos, que había estado mirando todo el tiempo, se acercó y me dio una palmada en el culo, riéndose mientras yo seguía jadeando, con la polla aún dura y el cuerpo temblando de placer.