Eva Parker lee un cuento y se excita demasiado
El tipo no podía creer lo que veía: Eva Parker, la diosa curvilínea de piel canela, se acomodó en el sillón con un libro en las manos, pero sus ojos brillaban con algo más que concentración. Llevaba días mirándola de reojo, imaginando cómo sería sentir esas curvas contra su cuerpo, pero la tensión se volvía insoportable. Cada vez que sus miradas se cruzaban, el aire se electrificaba, y ahora, con esa voz suave y esos labios entreabiertos, el tipo supo que no aguantaría mucho más. Eva pasó las páginas con lentitud, pero sus muslos se apretaban bajo la falda corta, y cuando sus dedos rozaron el encaje de su ropa interior, el tipo ya no pudo contenerse. Se acercó sin decir nada, y al ver cómo ella arqueaba la espalda al sentir su aliento en el cuello, supo que estaba mojada antes de tocarla. Sus manos se deslizaron por los muslos de Eva, separándolos con firmeza, y cuando sus dedos encontraron el coño húmedo y caliente, ella soltó un gemido que lo volvió loco. La empujó contra el respaldo del sillón, levantándole la falda para hundir su lengua en esa raja jugosa, chupando y mordiendo hasta que Eva se retorcía de placer. Él no podía esperar más: sacó su polla dura como roca y, de una estocada, la empotró hasta que sus caderas chocaron. Eva gritó, pero él no se detuvo, embistiéndola con fuerza mientras ella le clavaba las uñas en la espalda, pidiéndole más. Cada movimiento la acercaba al orgasmo, y cuando por fin se corrió, sus jugos le empaparon los dedos. Él no tardó en seguir, llenándola hasta el último segundo. La próxima vez, será en la ducha, donde el agua no podrá apagar el fuego.