Abuelita pequeña pero con un coño que no se cansa de retarme
El sonido de sus tacones golpeando el suelo me hizo voltear: ahí estaba ella, mi abuelita favorita, con esa mirada pícara que prometía problemas. '¿Crees que puedes manejar a una vieja como yo?', me desafió mientras se mordía el labio, y yo, como idiota, acepté el reto sin saber que mi polla iba a pagar las consecuencias. En segundos, me tenía de rodillas, chupando sus tetitas duras mientras ella se reía de mi torpeza. '¿Esto es lo mejor que puedes hacer?', gimió, y yo, desesperado, la levanté y la empotré contra la pared, metiéndole la polla hasta que sus uñas se clavaron en mi espalda. 'Más duro', exigió, y yo obedecí, embistiendo como un animal hasta que su coño se contrajo alrededor de mi verga, ahogando mis gemidos con su boca. '¿Ves? Sabía que no aguantarías', susurró cuando me corrí, pero yo ya planeaba mi venganza. Ahora mismo, mientras me recupero, solo pienso en cómo hacer que esa abuelita pida perdón a cuatro patas.