Tsukasaminami se deja follar en la calle tras días de tensión sexual
El crujido de sus tacones en el pavimento me ponía la polla dura desde hacía días, cada vez que pasábamos frente al hotel, sus miradas ardientes prometían lo que ahora por fin iba a cumplir. Tsukasaminami no aguantó más después de tanto mirar y rozar sin tocar, así que me tomó de la mano y nos metimos en un callejón oscuro donde el olor a humedad y lujuria se mezcló con el sonido de mi cremallera bajando. Su culo perfecto apretado en esos leggings ajustados me volvió loco, sentí cómo mi verga rozaba su piel caliente mientras ella gemía contra mi boca, sus tetas firmes se estrellaban contra mi pecho mientras mis dedos le apretaban las nalgas hasta dejar marcas. Sabía que estaba mojada cuando metí la mano entre sus piernas y encontré su coño chorreando, entonces la giré de golpe contra la pared y me enterré de una estocada, sintiendo cómo su carne se adaptaba a mi polla como un guante. El choque de sus caderas contra las mías era sucio, animal, cada embestida hacía que sus gemidos resonaran en las paredes, y cuando empecé a bombearle más rápido, sus uñas se clavaron en mi espalda como si quisiera marcarme para siempre. Sentí cómo su coño apretaba mi verga, cómo su cuerpo temblaba al borde del orgasmo, y entonces la agarré del pelo y empujé más fuerte, más profundo, hasta que el calor de su corrida mezclado con el mío inundó su interior