La vecina caliente que no pudo resistir a mi polla
Te voy a contar cómo fue la tarde que la vecina de al lado, esa morena de tetas grandes y culo redondo, se coló en mi casa con la excusa de pedir azúcar. Llevaba semanas mirándome con esos ojos de puta hambrienta, rozando su cuerpo contra el mío cada vez que nos cruzábamos en el pasillo. Hoy no aguantó más: se arrodilló frente a mí, me bajó los pantalones y se metió mi verga hasta la garganta, tragando saliva mientras sus ojos se llenaban de lágrimas. Le encantaba que la tratara como una zorra, que le escupiera en la cara y le agarrara el pelo mientras la embestía de una estocada. Cuando ya no pudo más, la tiré en el sofá y le hundí la polla en su coño mojado, sintiendo cómo sus paredes se apretaban alrededor de mí. Gemía como una loca, pidiéndome que la llenara de leche, y cuando al fin me vine dentro de ella, su cuerpo tembló de placer. ¿Te gustaría estar en su lugar la próxima vez que me vea?