Eva Palmas me folló el culo hasta dejarme temblando de placer
La habitación estaba llena de luz tenue, con las cortinas medio abiertas y el olor a perfume dulce flotando en el aire. Yo estaba sentada en la cama, con las medias de seda resbalando por mis muslos mientras Darcy Orduz me miraba con esa sonrisa traviesa que siempre usaba para provocarme. Llevaba horas enviándome fotos de su cuerpo, rozándose contra la tela de su ropa interior, hasta que ya no pude aguantar más. Cuando entró, su polla ya estaba dura, y sin decir nada, me empujó contra el colchón. Sentí sus manos fuertes agarrando mis caderas mientras me penetraba de una estocada, llenándome hasta que el dolor se mezcló con el placer. Gemí fuerte, arqueando la espalda, y ella solo rió, moviéndose más rápido, más profundo, como si supiera exactamente cómo volverme loca. Cada embestida me hacía chocar contra el cabecero, y cuando me corrió dentro, sentí su leche caliente llenándome por completo. Ahora, horas después, todavía tengo su marca en mi piel y un pedazo de su ropa interior olvidado en el suelo.