Trans caliente meó afuera y me retó a aguantar su polla
El olor a orina fresca en el aire me excitó más de lo que esperaba, pero no le iba a dar el gusto de verme intimidada. Me bajé los jeans y las zapatillas, mostrando mi coño depilado y mi polla dura, lista para demostrarle que yo también sabía jugar sucio. Él se rio cuando me acerqué, creyendo que me iba a rendir, pero le agarré la polla con fuerza y lo empujé contra el muro, restregándome contra su cuerpo. Sentí cómo su respiración se aceleraba cuando le susurré al oído que si creía que me iba a correr rápido, estaba muy equivocado. Lo desafié a que me empotrara con fuerza, a que me hiciera gemir como una perra, y él, con los ojos llenos de lujuria, aceptó el reto. Me levantó en el aire y me clavó de una estocada, haciendo que mi coño se mojara aún más, pero no le di el placer de verme suplicar. Cada embestida era más profunda, más salvaje, y aunque mis gemidos se volvían más fuertes, me mordí el labio para no darle la satisfacción. Él gruñó cuando sentí su polla palpitar dentro de mí, pero no me detuve, seguí moviéndome hasta que su leche caliente se derramó sobre mi vientre. Cuando terminamos, su semen goteaba por mi piel y mis zapatillas estaban tiradas en el suelo, manchadas de barro y sudor.