Sexo casero de pareja con riesgo de ser descubiertos
La puerta está cerrada, pero no con llave, y cualquier ruido fuerte podría alertar a los vecinos. Te agarras la polla dura mientras miras a tu esposa, que ya está mojada y lista, con las bragas a medio bajar. Le susurras al oído que no hagas ruido, pero sabes que esos gemidos suyos son imposibles de controlar. La empotras contra la pared, sintiendo cómo su coño se ajusta a cada embestida, mientras escuchas pasos en el pasillo. Te la chupas con fuerza, saboreando su excitación, y ella te clava las uñas en la espalda para no gritar. El riesgo de que alguien entre en cualquier momento solo los excita más, y cuando por fin te corres, lo haces con un gruñido ahogado. Al terminar, ves la marca de tus dedos en sus caderas y el rastro de tu leche en su vientre.