Nalgadas disciplinarias a la culona sumisa de su padrastro
La pequeña universitaria se portaba como una malcriada, pero su padrastro sabía cómo ponerla en su lugar con una buena nalgada en el culo perfecto que tanto le excitaba. Cada vez que la veía con ese short ajustado, se le ponía dura imaginando cómo le iba a partir el trasero hasta dejarlo rojo. Un día, la agarró por la cintura y la tiró sobre sus rodillas, levantándole la falda para descubrir ese culo redondo y suave que pedía a gritos ser castigado. Con la mano abierta, le empezó a dar nalgadas fuertes, haciendo que ella gimiera y se retorciera mientras su coño se mojaba más con cada golpe. La piel le ardía, pero no podía evitar excitarse con el sonido de las palmadas resonando en la habitación. Él le bajó las bragas hasta los tobillos, dejando su trasero completamente expuesto para seguir azotándola sin piedad. Las nalgas le temblaban con cada impacto, y ella no podía evitar gemir como una perra en celo, pidiendo más aunque le doliera. Cuando ya no pudo aguantar, la giró y le metió la polla hasta el fondo, follándosela con fuerza mientras le seguía dando nalgadas en el culo ardiente. Ella gritaba, pero él no paraba hasta correrse dentro de su coño apretado, dejándola temblando y satisfecha después del castigo. La próxima vez que se portara mal, sabría que su padrastro estaba listo para enseñarle otra lección con su mano y su verga.