Compañero de cuarto alivia el estrés de su roomie con una follada salvaje
El calor de la tarde se pegaba a los cuerpos sudorosos después de un entrenamiento intenso, y el cubito cachondo no podía dejar de mirarle el culo perfecto a su roomie mientras se estiraba en el suelo. La camiseta ajustada marcaba cada músculo de su torso, y el sudor resbalaba por los abdominales marcados, tentándolo a acercarse. Cuando el bear musculoso se inclinó para ayudarle a levantarse, sus manos grandes agarraron las caderas firmes del otro, y el roce accidental de sus pollas duras hizo que ambos respiraran más fuerte. El cubito no aguantó más y le susurró al oído: 'Déjame chuparte esa verga gorda, puto', mientras le bajaba los shorts con los dientes. El bear gruñó al sentir la boca caliente tragándose su polla hasta el fondo, y el sonido de los labios chupando con fuerza lo volvió loco. Lo empotró contra la pared, levantándole las piernas para meterse hasta el fondo en ese culo apretado, mientras el cubito gemía como una perra cada vez que le clavaba los dedos en las nalgas. El sudor volaba por el aire cuando el bear le dio la vuelta y lo penetró a cuatro patas, azotándole el culo rojo mientras lo llenaba de leche caliente. El cubito se corrió gritando al sentir el chorro grueso dentro de él, y los dos cayeron al suelo jadeando, con los cuerpos pegajosos y las pollas aún duras.