Pareja gay se folla suave en la cama del living
El marido llega del trabajo con esa mirada que no engaña, los bóxers ajustados marcando el culo prieto y la verga ya tiesa bajo la tela. Lo primero que hace es tirarse en la cama del living, donde su pareja —un brasileño de nalgas monumentales y músculos duros como piedra— ya está esperándolo con los labios entreabiertos y la polla palpitando entre las piernas. Sin perder tiempo, el de las nalgas grandes se quita el calzoncillo y deja al aire un culo redondo y bien marcado, listo para ser devorado. El marido no resiste la tentación: se abalanza sobre él, le muerde el cuello mientras le baja los bóxers con manos ansiosas, dejando al descubierto unos huevos pesados y una verga gruesa que ya gotea gotas de leche en la punta. El brasileño se estira en la cama, arqueando la espalda para ofrecer mejor ese culazo que parece hecho para empalar, mientras su pareja le lame la raja hasta dejarla bien mojada y jugosa. Los gemidos empiezan a salirle a chorros cuando siente la lengua caliente recorriendo su entrada, las piernas temblorosas y el ano palpitando de ganas. El marido no aguanta más: se sube encima, agarra esas nalgas enormes con ambas manos y se clava hasta el fondo con un gemido ronco, sintiendo cómo el calor del otro lo envuelve por completo. Las embestidas son lentas al principio, pero pronto se vuelven más profundas, más brutales, mientras los dos se corren sin pudor, dejando manchas blancas en los muslos del brasileño y en la sábana del living. El sudor les resbala por la piel, las respiraciones entrecortadas y los culos bien pegados el uno al otro hasta que, exhaustos, se dejan caer sobre la cama, con las pollas aún duras y los cuerpos temblorosos de tanto placer.