El papá de mi ex me clava su gruesa verga en el culo
Desde que entré a la universidad hace un año no paramos de cruzarnos en la casa de mi mejor amigo, pero nunca imaginé que su papá, ese tipo musculoso y de voz grave, me miraría con esos ojos oscuros mientras me servía un trago en la cocina. Me dijo que llevaba meses soñando con mi culo prieto y que si quería probar cómo se siente una verga de verdad, solo tenía que agacharme sobre la mesa. Sin pensarlo dos veces me bajé los pantalones y dejé que sus manos callosas me separaran las nalgas mientras su lengua gruesa recorría mi entrada temblorosa, dejándome la piel erizada y el coño —perdón, el culo— completamente mojado y listo para recibirlo. Cuando sentí la cabeza de su verga gruesa y caliente presionando contra mi agujero, solté un gemido que hizo vibrar los platos del mueble, pero él solo me empujó con más fuerza hasta que su enorme tronco me abrió por completo, arrancándome un grito ahogado que se mezcló con el sonido de mis bolas golpeando contra mis muslos. Cada embestida era una locura: su verga me estiraba hasta el límite, llenándome de una presión deliciosa que me hacía arquear la espalda y clavar las uñas en la madera de la mesa, mientras él me agarraba de las caderas con sus dedos marcados y me empotraba sin piedad, dejando marcas rojas en mi piel sudorosa. Sus gruñidos guturales resonaban en mi oído, mezclados con los chapoteos húmedos de nuestros cuerpos chocando, y podía sentir cómo su verga pulsaba dentro de mí, cada latido anunciando que estaba a punto de correrse como un animal dentro de mi culo estrecho, sin condón, como me había pedido desde el primer contacto. Cuando por fin descargó su leche espesa y caliente hasta el fondo, sentí cada gota quemarme por dentro mientras él se desplomaba sobre mi espalda, jadeando como si hubiera corrido una maratón, con su verga aún palpitando dentro de mí como un recordatorio de lo que acababa de pasar. Me dejó exhausto, con las piernas temblorosas y el agujero abierto, pero con una sonrisa pícara en la cara sabiendo que esto no sería la última vez que su enorme tronco me reventara el culo sin piedad.