Amigos se calientan en la mañana con sexo anal duro y apasionado
El amigo de toda la vida se quedó a dormir en mi casa y al despertar, la polla ya estaba bien dura bajo las sábanas. Él se acercó sigiloso, me agarró el culo con fuerza y me susurró al oído que quería meterla bien profundo. Sin pensarlo dos veces, me puse de rodillas y le empecé a chupar la verga con ganas, sintiendo cómo se ponía más grande en mi boca. Él me dio vuelta, me empujó contra el colchón y me abrió las nalgas para meterme la polla hasta el fondo, embistiendo con fuerza mientras yo gemía como una puta. El sonido de su cuerpo chocando contra el mío era adictivo, y cuando me agarró de las caderas para clavársela más hondo, supe que estaba a punto de correrme. El sudor nos cubría a los dos, y cada vez que me penetraba, sentía que me iba a partir en dos. Al final, él se sacó y me llenó el culo de leche caliente, dejándome temblando y con ganas de más. Fue una mañana que nunca olvidaré.