El repartidor se deja follar en plena calle
El repartidor sudaba bajo el sol brasileño mientras entregaba paquetes, pero lo que no esperaba era que un desconocido lo detuviera en una esquina oscura y le susurrara al oído lo que quería hacerle. El tipo lo empujó contra un muro y le bajó el pantalón sin piedad, dejando al descubierto su culo apretado y su polla ya medio dura. Le metió los dedos sin preguntar, haciéndolo gemir como un puto mientras lo preparaba para lo que venía. El desconocido se bajó los pantalones y sacó una verga gruesa, lubricada con saliva, y se la clavó de una sola embestida, llenando el culo del repartidor con cada golpe seco. El chico gritaba de placer, sintiendo cómo la polla le rozaba la próstata mientras el desconocido le agarraba el pelo y le ordenaba que no parara de gemir. La calle estaba vacía, pero los gemidos del repartidor resonaban en la noche, mezclándose con el sonido de los autos pasando a lo lejos. El desconocido lo empotró contra el muro una y otra vez, hasta que finalmente se corrió dentro de él con un gruñido ronco, llenándolo de leche caliente. El repartidor, jadeando, se limpió el semen que le goteaba del culo y se subió los pantalones, sabiendo que esa entrega había sido la más intensa de su vida. El desconocido le dio una palmada en el culo y se perdió en la oscuridad, dejando al repartidor con la polla todavía dura y el culo palpitando de placer.