Culo apretado se traga toda la polla negra
El culito prieto del chico no podía parar de temblar cada vez que esa verga negra y gruesa se restregaba contra sus nalgas, dejando marcas rojas por donde pasara. Él, rendido y con los ojos vidriosos, se agachó sobre la cama dejando las piernas bien abiertas para que el macho dominante pudiera clavarle hasta el fondo sin piedad. La primera embestida hizo que soltara un gemido gutural, metiendo los dedos en el colchón mientras la polla enorme le abría el agujero como si fuera mantequilla. El sudor le corría por la espalda y el olor a sexo inundaba el aire mientras el negro le agarraba de las caderas con fuerza de hierro y empezaba a empotrarlo como si no hubiera mañana. Cada movimiento era brutal, cada sonido de carne chocando contra carne era música para sus oídos, y él solo podía balbucear incoherencias entre susurros de 'más fuerte, por favor, no pares'. La cama crujía sin parar mientras los muslos le temblaban y el semen le resbalaba por las piernas sin que nadie lo detuviera, pero el macho no tenía piedad y seguía clavándosela hasta que el chico no pudo más que gritar como una puta en celo. El negro, con los huevos bien cargados, le dio la vuelta y le metió la verga por la boca para que pudiera saborear su propio sabor mezclado con el de la leche espesa que ya le escupía en la garganta. Entre jadeos y toses, el chico tragó cada gota sin dejar ni una gota, sintiendo cómo se le hinchaba la barriga con cada trago caliente mientras el negro le agarraba la cabeza para que no se escapara. Cuando por fin se corrió dentro de él, el chico se dejó caer exhausto sobre las sábanas, con el culo bien abierto y goteando, sabiendo que esa noche no iba a poder sentarse en una semana sin acordarse de esta polla que lo había dejado hecho una mierda.