Marcelo leandro se corre como puta con johnny tyson empotrándolo
Marcelo llevaba semanas soñando con que un macho como Johnny Tyson le clavara su gruesa verga por ese coño que tanto le calienta. El tipo entró en el cuarto con esa sonrisa pícara mientras se despojaba de la camiseta dejando al descubierto un torso cubierto de vello oscuro y reluciente por el sudor. Marcelo ya estaba tirado en la cama con las piernas abiertas y el coño bien mojado, goteando por la excitación que le recorría todo el cuerpo. Johnny no perdió tiempo: se acercó, agarró a Marcelo de las caderas con fuerza y le escupió en el coño para humedecerlo antes de clavarle la polla hasta el fondo sin piedad. Los primeros empujones fueron lentos pero brutales, cada embestida le arrancaba gemidos ahogados a Marcelo mientras su coño se abría como un jodido anzuelo para recibir cada centímetro del mástil de Johnny. El sonido de carne contra carne llenó la habitación mezclado con los gritos de placer que Marcelo soltaba cada vez que la cabeza de la verga golpeaba su punto más sensible. Johnny lo empotraba contra el colchón, levantándole el culo con una mano mientras con la otra le apretaba los pezones duros como piedras, haciéndolo gritar más fuerte. Marcelo se agarraba a las sábanas con los nudillos blancos, sintiendo cómo su coño se contraía alrededor de la polla a cada embestida, como si intentara tragársela entera. Johnny aceleró el ritmo, sus pelotas golpeando el culo de Marcelo con un sonido húmedo y contundente mientras su verga se ponía más dura por segundos. Marcelo ya no podía pensar, solo sentía el fuego en sus entrañas y cómo su coño se humedecía aún más con cada corrida que le escupía Johnny hasta el fondo. Cuando notó que el orgasmo lo arrastraba como una ola, Marcelo se dejó llevar, jadeando con la boca abierta y los ojos en blanco mientras su cuerpo se sacudía en espasmos de placer puro. Johnny no se detuvo ni un segundo, siguió emperrando hasta que el último chorro de leche caliente le llenó el coño a Marcelo hasta rebosar, dejándolo completamente rendido y satisfecho sobre el colchón.