Adam Snow se traga toda la polla de Milo Miles como una puta
Adam solo tenía ojos para esa verga gruesa y palpitante que Milo se sacaba del pantalón con una sonrisa pícara, mientras le lamía los labios con la lengua mojada y hambrienta. Con un gemido ronco, Milo le agarró por el pelo y le empujó la cabeza contra su entrepierna, sintiendo cómo la polla le resbalaba entre los labios antes de hundirse hasta la garganta sin compasión. Adam, lejos de echarse atrás, abrió bien la boca y tragó con fuerza, notando cómo los huevos le golpeaban la barbilla cada vez que Milo se empalaba sin piedad. La saliva le chorreaba por el mentón mientras intentaba aguantar la arcada, pero el sabor salado a sudor y sexo le nublaba la razón, obligándolo a chupar con más ímpetu. Milo le clavaba las uñas en el cuero cabelludo, jadeando como un animal en celo, y cada embestida le arrancaba un gemido ahogado que se le escapaba entre los dientes apretados contra la carne palpitante. Adam, con los ojos lagrimeando, no podía creer lo bien que se le daba tragar esa polla monstruosa, sintiendo cómo se le llenaba la boca de leche espesa mientras Milo gruñía y se corría sin control. La corrida le quemaba la garganta, pero Adam no se movió ni un milímetro, tragándosela toda con ansiedad hasta dejarlo seco, mientras le miraba con ojos vidriosos de puro placer. Milo, exhausto pero satisfecho, le retiró la cabeza con suavidad y le pasó los dedos por los labios hinchados, limpiándole los restos de leche que se le escapaban por las comisuras. Adam, aún jadeante, se relamió y le sonrió con complicidad, sabiendo que esa mamada le había dejado marcado para siempre, con la promesa de más sesiones de tragar pollas hasta que no quedara ni una gota.