Amasio de pelo castaño verifica calidad de joven esclavo rubio
El amo Jack Aries no pierde tiempo y arrincona contra la pared al sumiso Noah White, ese rubito de sonrisa pícara que lleva semanas robándole miradas desde el jockstrap ajustado. Con un tirón seco le arranca la correa de la cintura y el culo del esclavo queda al descubierto, prieto y sin una pizca de grasa, listo para ser saboreado. Jack no aguanta más: hunde la cara entre sus nalgas y le lame el agujero con lengua ávida, sintiendo cómo el chico tiembla y gime, con la polla ya dura como un palo entre sus muslos. Entre gruñidos le ordena que se agache y abra bien las piernas, mientras él escupe en sus dedos para preparar ese culo que promete ser una delicia. Noah jadea cuando la primera embestida entra a fondo, estirando su entrada con un sonoro chapoteo de carne mojada, y el grito del rubio se pierde en un coro de gemidos ahogados. Jack no tiene piedad: lo empotra una y otra vez contra la pared, el sonido de las pieles chocando se mezcla con los bufidos del amo y los quejidos del esclavo, que se agarra a la cintura de su dueño como si su vida dependiera de ello. La polla gruesa y venosa entra y sale con fuerza, sacudiendo los huevos del rubio cada vez que Jack se clava hasta la empalizada, hasta que el esclavo no puede más que soltar un chorro espeso sobre los zapatos del amo, sin importarle que esté empapado en sudor y leche. El final llega cuando Jack le vacía los cojones dentro, gruñendo como un animal mientras el joven tiembla bajo su peso, con el culo lleno y los muslos temblorosos por el esfuerzo. Noah queda hecho un guiñapo, con la espalda pegada a la pared y los ojos vidriosos, mientras Jack se limpia los restos de babas de la polla antes de darle una palmada en el muslo como premio por su buen comportamiento.