La esposa de Macedo me dejó toda mojada en la fiesta electrónica
El local estaba a tope, con la música retumbando y las luces parpadeando, el aire cargado de sudor y perfume barato. Yo solo quería bailar hasta olvidarme de todo, pero entonces la vi: Leticia Feffer, la esposa de Macedo, moviendo ese culo grande de una manera que me hizo tragar saliva. Llevaba un vestido ajustado que apenas cubría sus tetas saltarinas cada vez que saltaba, y cuando nuestras miradas se cruzaron, supe que no iba a salir de ahí sin probarla. Me acerqué sigilosa, rozando mi coño mojado contra su muslo, sintiendo cómo se le cortaba la respiración. 'Tu marido no va a enterarse de nada', le susurré al oído mientras le mordisqueaba el lóbulo, y ella se rio, pero no me detuvo. En un rincón oscuro, donde los speakers escondían los gemidos, le levanté el vestido y me arrodillé. Su concha ya estaba chorreando cuando empecé a chuparle el clítoris, y ella me agarró del pelo, empujándome más fuerte contra su carne. 'Así, putita', gemía, mientras yo le metía los dedos hasta el fondo, sintiendo cómo se contraía alrededor de ellos. En más de 10 minutos, la follé con todo lo que tenía: mi lengua, mis dedos, incluso el mango de mi botella cuando se volvió más descarada. Cada vez que escuchábamos pasos, nos quedábamos quietas, conteniendo la respiración, pero luego seguíamos, más desesperadas. Cuando por fin la hice correrse, fue con un grito ahogado, y su marido ni siquiera sospechó. Ahora cada vez que lo veo, sé que lo está imaginando, y eso me excita más. Próxima vez, le voy a dejar el culo bien abierto para que se acueste con la evidencia.