Nixie Soft se entrega al pollón de King Size Dick en un polvo salvaje
La habitación olía a sudor y perfume barato cuando la vi retorcerse sobre las sábanas, desafiándome con esa sonrisa de puta que sabía me encendía. '¿Crees que puedes manejar esto?', me soltó mientras se lamía los labios, y yo ya tenía la polla más dura que una roca. Le arranqué el vestido de un tirón, dejando su coño mojado al aire, brillante de tanta excitación. Sin perder tiempo, me arrodillé y le hundí la cara entre las piernas, chupando su clítoris con fuerza mientras ella gritaba y me tiraba del pelo. Cuando ya no pudo más, la volteé de golpe, empujando su culo hacia arriba para que me viera bien dura detrás de ella. 'Vamos, King Size, demuéstrame qué tan grande es eso', me provocó, y yo no esperé: de una estocada, mi verga desapareció hasta que sus caderas chocaron contra mi pelvis. La embestí con fuerza, sintiendo cómo su coño apretado me apretaba como un guante, sus gemidos convirtiéndose en sollozos mientras yo le golpeaba el culo cada vez que me enterraba hasta las pelotas. '¡Más fuerte!', suplicó, y yo aceleré, agarrándole las tetas mientras la penetraba sin piedad, sus gritos resonando en las paredes. Cuando ya no aguanté más, la hice arrodillarse y me corrí sobre su espalda, pintándole la piel con mi leche caliente. Pero ella no se conformó: se limpió con los dedos y se los metió en la boca, mirándome con esa misma sonrisa de puta. Quedó exhausta, pero yo aún no tenía suficiente. La empujé contra la pared y le levanté la pierna, empotrándola contra los azulejos. Más de 11 minutos de escena y ni una vez ella dejó de gemir, su cuerpo temblando bajo cada embestida. Al final, cuando ya no podía moverse, solo me quedé mirando cómo su cuerpo se estremecía con cada gota de mi corrida que resbalaba por su piel.