Kelabate la domina y me hace pagar por sus celos con mi polla
La casa estaba en silencio, solo el sonido de los ventiladores moviendo el aire caliente de la tarde. Sabía que ella estaba furiosa, que el otro tipo la había dejado con las ganas, y ahora yo era su objetivo. Kelabate entró en la habitación con ese paso seguro de quien sabe lo que quiere, los labios pintados de rojo y la mirada cargada de resentimiento. Me empujó contra la pared y me bajó los pantalones de un tirón, su boca ya húmeda y caliente envolviendo mi verga de golpe. Sentí sus dientes rozando el glande mientras me miraba fijamente, como si cada chupada fuera un castigo por algo que no había hecho. Cuando me tuvo bien duro, se subió sobre mí, su coño mojado deslizándose sobre mi polla hasta que las caderas chocaron. Empezó a moverse con furia, gimiendo cada vez que mi verga golpeaba ese punto que la hacía temblar. Sus uñas se clavaron en mi espalda mientras me montaba, sus pechos rebotando frente a mi cara. Sabía que esto era por celos, por venganza, pero no me importaba. La agarré del culo y la levanté para clavársela de una estocada, haciendo que gritara. La follé contra la pared, contra el sofá, hasta que sus piernas temblaron y su coño se apretó alrededor de mi polla. Cuando se corrió, su jugo caliente me cubrió entero, y entonces la volteé para empotrarla desde atrás, sintiendo cómo su culo perfecto se apretaba contra mi vientre. La hice gemir hasta que mi leche le llenó el coño, y solo entonces la dejé caer sobre la cama, exhausta pero con esa mirada que decía que esto no había terminado. La próxima vez, voy a hacerla pagar el doble.